Grises nubes, viento desatado, amenaza tormenta.
Brilla el rayo mientras se balancea el campanario,
ofensa a los hombres del poder de la naturaleza,
con todos sus efectos que ésta demuestra.
Se precipita el arroyo, corriendo rápido y raudo
mientras la brizna de hierba se mueve feliz y agitada.
Rayos, truenos de la feroz tempestad que, con su agua,
resplandece e irriga a la triste tierra de todos olvidada.
Lluvia, llanto que reverdece, regalo a todos natural,
al labriego y al agricultor, estilo de vida atemporal
de esta tierra parda, a fuerza de maltrato descolorida.
Lluvia, sacramento que a todos el don de la vida otorga.
Poco a poco la tormenta se acaba, los vientos se calman,
el arroyuelo se detiene, los rayos se apagan,
el pueblo de Castilla vuelve a la monotonía.
Mas, entre oscuros nubarrones el arcoíris prevalece.
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