jueves, 18 de agosto de 2011

Soñando que te soñaba

Resultaste ser un sueño cautivo de noche furtiva y bebida.
Belleza sin igual, de morena melena, sonrisa perfecta,
marrones los ojos, inocente flequillo, rosadas mejillas.
Cuando las almas en una empezábamos a unir
abro los ojos y para mi desgracia te has de ir.

Alma de pureza inigualable, virginal mirada
con la que alumbrabas mis pasos de orgullo
por la estrecha y angosta senda de la vida intrincada.
En la mente, la recompensa que de ella anhelaba
no era sino recibir de sus carnosos labios un beso.

Mas, destino oculto y rocambolesco de la senda de la vida
Fortuna, Dios, Zeus, Júpiter, Afrodita o Venus,
aquellos que del vivir y del amar los hilos manejan y guardan,
puede que el favor de encontrarnos un instante nos hagan.

Mi sueño, el del poeta sentimental al que una sombra atormenta,
vive de esa esperanza, que al cruzar las miradas nuestros corazones latan.
No todo está perdido, puede que en algún lado me aguardes,
como soñábamos que soñando el amor las musas nos encontraran.

Así, reanudo la perpetua busca de la dama deseada y soñada.
Aquella que guarda las llaves que abren el corazón palpitante del fiel amante
que, con un sueño y un sentido, a su alma pura aguarda
para que al fin las dos mitades del ser puedan unirse en uno,
sellando el trato del amor con un beso y un te quiero en un susurro.

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