sábado, 20 de agosto de 2011

El sector fiestero de la JMJ

Ciertos acontecimientos que he tenido oportunidad de presenciar me han empujado a puntualizar mis opiniones respecto de un sector de peregrinos de la JMJ. Me refiero en este caso al de un grupo, que puede representar digamos el 40% de los peregrinos venidos de todas partes de Europa.

Quiero constatar mi decepción con ese grupo de jóvenes. Puedo entender que el ardor juvenil, el estar sin padres, en algunos casos por primera vez, y la experiencia de llegar a un país con tanta fama de fiesta como España puede desatar los ánimos de los jóvenes. Lo comprendo y lo veo lógico y hasta saludable. Pero lo que es lógico y comprensible deja de ser tal cuando se cruza la raya de la mala educación.

Quiero reseñar aquí algunas de las cosas que he visto para señalar mi descontento. Por un lado la alteración del orden público. Bien, comprendo un ardor patriótico que les hace exaltar a gritos su país, ardor que por otra parte aquí es difícil de sentir, comprendo las canciones de los distintos lugares de procedencia y comprendo en demasía el jolgorio. Lo que no puedo aceptar es el comportamiento de estos dando voces en el metro, armando escándalo y molestando a gente que es ajena a este evento. Cosas que estoy seguro de que no harían en su país.

Más cosas a reseñar. Falta de modales al hablar a gritos en el autobús, bajar por la puerta que no es, tocar bocinazos, poner música a horas indebidas, macrobotellones... Estaría por ver lo que haríamos nosotros, los jóvenes españoles, en otro país. Pero yo por mi parte evitaría todo lo que pudiera alterar a terceras personas y nunca aprovecharía la hospitalidad de otro país para propasar los límites que nunca sobrepasaría en el mío.

En esta crítica también incluir cierto doble rasero por parte de las administraciones públicas. Por miedo a dar mala imagen o por simple marketing corporativo destinado a impulsar el turismo juvenil, los cuerpos de seguridad del Estado permiten a los jóvenes extranjeros cosas que en ningún caso permitirían a la juventud del país. Quiero criticar esta distinta vara de medir para unos y otros. Las leyes son iguales para todos y, como algún jurista señalaría, el desconocimiento de una ley no exime de su cumplimiento.

Es algo lógico en parte pero no puedo dejar de criticarlo. Dejar claro que éste es un sector que no considero mayoritario en el evento y que jóvenes españoles también hacen lo mismo aquí. Pero eso deja de ser noticia, puesto que la mala educación va implícita en ciertas personas. Respecto a mis pensamientos sobre la iglesia actual siguen siendo exactamente los mismos. Renovación y reforma.

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